En las primeras horas del 1 de febrero, mientras una Luna llena vigilaba en silencio desde lo alto, el cohete SLS y la nave Orion esperaban en la plataforma 39B. Allí, inmóviles pero llenos de propósito, se preparaban para uno de los ensayos más exigentes antes de la misión Artemis II: el wet dress rehearsal, una práctica general que lleva al cohete al borde mismo del lanzamiento sin despegar del suelo.
Lo que siguió fue una coreografía técnica de casi dos días, un diálogo constante entre temperaturas extremas, válvulas, sensores, equipos humanos y un vehículo diseñado para llevar a cuatro astronautas alrededor de la Luna.
El frío como primer desafío
El reloj comenzó a correr a las 8:13 p.m. del 31 de enero. Pero el clima tenía otros planes. El frío en Kennedy Space Center obligó a retrasar el inicio del cargado de propelentes: algunas interfaces necesitaban tiempo para alcanzar temperaturas seguras antes de permitir el flujo de hidrógeno y oxígeno líquidos. Era un recordatorio de que, incluso en la era de los megacohetes, la naturaleza sigue marcando el ritmo.
A las 11:25 a.m. del día siguiente, llegó el primer gran “go”: autorización para comenzar a cargar los tanques criogénicos del SLS. Las líneas de hidrógeno líquido —a –423 °F— y de oxígeno líquido —a –297 °F— comenzaron su proceso de chilldown, enfriándose para evitar choques térmicos cuando el combustible superfrío entrara en contacto con el metal.
Llenado lento, llenado rápido y el primer obstáculo
Tras el enfriamiento, el núcleo del SLS entró en slow fill, un llenado deliberado que permite que el vehículo se adapte a las temperaturas extremas. Luego vino el fast fill, cuando cientos de miles de galones comienzan a fluir con rapidez hacia los tanques.
Pero el hidrógeno líquido —siempre escurridizo, siempre exigente— marcó el primer alto. Un aumento en la concentración de gas en el área del tail service mast umbilical obligó a detener el flujo. Era un problema conocido desde Artemis I, y los equipos aplicaron procedimientos desarrollados tras aquella misión: detener, dejar calentar, reanudar, observar.
El proceso se repitió más de una vez. La paciencia es parte del oficio.
Un ensayo que avanza pese a todo
Mientras el hidrógeno daba batalla, el oxígeno líquido continuaba fluyendo sin contratiempos. El equipo también avanzó con el llenado del escenario superior, el ICPS, que recibió su propio chilldown y posteriormente su carga de hidrógeno y oxígeno.
Finalmente, tras horas de ajustes, el núcleo del SLS alcanzó el modo topping, completando su capacidad de hidrógeno. Luego, tanto el núcleo como el ICPS entraron en replenish, un modo que compensa la evaporación natural de los propelentes y mantiene los tanques en niveles de vuelo.
Era la señal de que el ensayo había superado su fase más delicada.
La llegada del equipo de closeout
Con el cohete completamente cargado, un equipo de cinco especialistas se dirigió a la plataforma 39B. Su misión: realizar el cierre del módulo tripulado Orion, tal como ocurriría el día del lanzamiento. Cerraron la escotilla del módulo de tripulación, aseguraron la escotilla del sistema de aborto de lanzamiento y verificaron presiones, sellos y sistemas.
Aunque los astronautas no participaron en este ensayo, cada paso validó los procedimientos que protegerán a Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen cuando llegue el día real.
El reloj avanza hacia el final
El ensayo entró en la cuenta regresiva simulada. A T–10 minutos, Charlie Blackwell-Thompson dio el “go” para iniciar terminal count, la fase en la que los sistemas automáticos toman el control. El cohete, silencioso pero vivo, comenzó a comportarse como si realmente fuera a despegar.
Pero a T–5:15, el ensayo se detuvo. El mismo punto del umbilical que había dado problemas antes volvió a mostrar un aumento en la concentración de hidrógeno. El sistema de control de lanzamiento actuó como debe hacerlo: con precisión, sin dudas, protegiendo al vehículo y a su futura tripulación.
El ensayo había llegado a su límite, pero no había fallado. Había cumplido su propósito.
Un ensayo que enseña
En total, el equipo enfrentó:
• Un clima más frío de lo esperado
• Un sello que necesitó ser retorquado
• Cámaras afectadas por la temperatura
• Varias interrupciones en canales de comunicación
• Y, sobre todo, un hidrógeno líquido que exigió atención constante
Aun así, lograron cargar completamente todos los tanques, ejecutar procedimientos de cierre, practicar la cuenta regresiva final y recopilar datos esenciales para el próximo intento.
NASA ahora apunta a marzo como la siguiente ventana de lanzamiento. La tripulación, que había entrado en cuarentena el 21 de enero, será liberada temporalmente hasta que se acerque la nueva fecha.
Mirando hacia adelante
Cada ensayo como este es un recordatorio de que la exploración no es un acto impulsivo, sino un proceso paciente, riguroso y profundamente humano. No se trata solo de tecnología: se trata de aprender, ajustar, volver a intentar y avanzar con humildad.
Artemis II no despegará hasta que todo —cada válvula, cada sensor, cada procedimiento— esté listo para proteger a quienes viajarán más lejos de la Tierra que cualquier ser humano en más de medio siglo.
Y mientras la Luna sigue observando desde lo alto, nosotros seguimos preparándonos para volver a ella.

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